Ir a la feria es un must para mi. Mezcla de colores, sonidos estridentes y tipografías imposibles que me flipan , todo escoltado por ejércitos de peluches radioactivos y atracciones que en otra vida quizás fueron seguras. Tan seguras como salir a la calle sin escudo para el alma.
Los atardeceres allí son pura crema, se confunden con un skyline grotesco y adorable. Creo que hasta el cielo se disfraza de excesivo para no desentonar con ese pequeño lugar en el mundo donde los algodones se comen y tienes carta blanca para reir fuerte y ponerte hipercontenta por ver a una Minnie Mouse mas falsa que mi ex.
Me flipa mezclarme con las personas mas dispares y peculiares del ecosistema. Son fauna de feria, como yo. Alli nadie es normal y a mi me aburre lo normal. Ser un ser genérico creo que es de las peores cosas que te puede pasar. Igual que forzarte a ser diferente es un fraude. Vamos que si no te nace , no pasa nada, pero intentar ser algo que no eres , es traicionar al niño que tienes dentro y se emociona cada vez que vas a la feria. Me gusta darle de comer golosinas a esa niña para que nunca muera.
Sonidos locos y gritos, luces alucinógenas y explosión de sensaciones en tu pecho. Luego te vas y de repente el SILENCIO.
Ahora que lo pienso la feria es un poco como el Amor, no?
Vestido: DiKsí
Fotografía : Alvaro Ayarza. Abocados .
Mientras escribia este post, sonaba esto: La Mulata – Versace-